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Cuando nos vestimos de Apocalipsis

  ¿Por qué despertamos un día y parece que todo se acaba?, ¿Por qué parece que asistimos al Apocalipsis de nuestras vidas? Que ha sido de nuestros proyectos, nuestras ideas, de todo lo planeado hasta ese día, ¿se lo ha comido todo el monstruo del armario? O llevamos un monstruo del armario dentro de nosotras que despierta voraz y la lía sin remisión.

  Pues sí, somos un monstruo, no siempre, pero en ocasiones nos vestimos de Apocalipsis y sacamos la bestia a pasear, pero no somos capaces de verlo, yo por lo menos no lo veía venir, en muchas ocasiones me costo verlo, eso sí, siempre lo veía irse en medio de un descomunal desastre, como si hubiera pasado una manada enfurecida de elefantes por mi vida.

  Mucha gente pensara que lo mejor es deshacerse del monstruo, darle caza y hacerlo desaparecer. Existe un pequeño problema y es que ese monstruo, como ya dije, somos nosotras mismas, así que la única opción es educar y enseñar al monstruo a cuidar de si mismo, a no hacerse daño cuando le superan las circunstancias, a transformar su energía destructora, debemos conseguir que se centre en determinadas tareas que no alteren su estatus, que no activen esa fuerza arrasadora.

  He intentado analizar varias veces los campos de batalla dejados por la bestia sin mucho éxito, hasta que vislumbré un modelo de comportamiento que puede darnos las pistas de como se activa esa energía destructora, una fuerza que siempre va a estar ahí, y como he dicho la debemos aprovechar para redirigirla, para transformarla en energía constructora.

  Basándome en ese modelo de comportamiento voy a exponer como se comporta mi monstruo interior. En mi caso la activación viene después de una relajación mental, previa a esa relajación yo he conseguido durante un tiempo, días o semanas, una activación en la consecución de objetivos, aportación de ideas y el desarrollo de proyectos. Fijaros la ironía del asunto, he conseguido ponerme en un estado de proactividad fabuloso, estoy que me salgo y llega la relajación, decido desconectar un día o un par de días (estos dos días suelen coincidir con un fin de semana) y sobreviene el ataque de la bestia, ¿que ha pasado?, esa es la pregunta que me hacia yo después de aparecer sola frente a la devastación, ¿que coño a pasado, de donde a salido este huracán destructor?

  Ahora es cuando intento seguir las pistas, pero ese “ahora” es desde hace bien poco, anteriormente mi cuerpo y mi mente yacían en estado comatoso hasta que recuperaba un mínimo de energía y veía que podía rescatar del trapo que era mi persona. Recuerdo que muchas veces se perdió el trabajo, los proyectos, las ideas, los objetivos, todo se fue a la mierda, y no fui capaz ni tan siquiera de pararme a analizarlo, tenia bastante con lamerme las heridas. Y seguramente vosotras reconozcáis esto que a mi me pasaba, con diferentes formas y matices, pero seguro que todas os habéis vestido de Apocalipsis.

  Pero gracias al esfuerzo y la búsqueda de soluciones más estables, de un tiempo a esta parte empece a analizar los hechos, pudiendo descubrir tres fases, que me mostraban la falta de una sola cosa, una sola cosa que transformaría la energía destructora en constructora.

  Primero: Las causas del despertar del animalito (y lo llamo así porque no tiene culpa de lo que hace, es su naturaleza) estan en mí y soy yo la que alimenta su necesidad de destrucción. Por tanto la primera causa eran esos días, esas 24 a 48 horas, que me permitía desconectar. En esos momentos comenzaba la cuenta atrás para el desastre.

  Segundo: Aquí es donde se desencadena todo, la vuelta a la conexión. Yo con toda mi buena voluntad paraba en seco y pretendía volver a iniciar el movimiento proactivo (que llevaba durante un tiempo dándome alegrías y buenos resultados) y que sucede, que no tenia un plan para volver a empezar.

  Tercero: No existía un “Plan”, no había nada previsto para retomar el nivel y la intensidad abandonados. Ademas tampoco había estado previsto el parón para la desconexión. Con la brusquedad del frenado y la puesta en marcha, se despertó la bestia. Y así fue cómo sobrevino el desastre, falta de previsión, tanto en descansos, como en inicio y reinicio de actividad, no disponer de un calendario que permita la distribución del trabajo y los descansos. Es más sencillo empezar a hacer cosas cuando existe una motivación y viene la inspiración, pero cuando tenemos que parar y rompemos los ritmos y la dinámica, debemos disponer del hilo conductor que nos enseñe de nuevo el camino. Tuvimos la motivación y la inspiración, pero al volver a la actividad ese momento ya pasó y lo que necesitamos es un “Plan” que ordene nuestras motivaciones e inspiraciones pasadas.


Foto de cabecera: Ana Arante

Kristal Calvo - Activista Trans y Divulgadora

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